Gráficos
El aspecto visual del juego es impecable. Debido a la casi total oscuridad que poseen los escenarios del juego, los efectos de luces y sombras tienen un protagonismo especial de cara a la ambientación. Monolith vuelve a bordarlo como ya hiciera con F.E.A.R y en este juego la iluminación brilla con luz propia, valga el juego de palabras.
Nuestro personaje tendrá entre sus objetos preferidos una linterna cuyo haz de luz está muy conseguido y es que aquí, más que nunca, la oscuridad aterroriza a cualquiera. Afortunadamente, las pilas de la linterna deben ser alcalinas, y de las mejores, puesto que no se le acaba la batería por mucho que la usemos, como sí ocurre en la mayoría de shooters que se hacen hoy en día. Además, se puede disparar con la luz encendida ya que, gracias al gran invento del velcro, podremos llevarla permanentemente sobre el hombro.
El apartado de texturas también roza la perfección: los enemigos darán auténtico pavor, sobre todo en los primeros planos donde apreciaremos hasta la más mínima imperfección del rostro. Además, las animaciones de los personajes, por lo general, están muy bien realizadas y, salvo alguna que otra textura no muy definida y algún que otro fallo al caer los cadáveres al suelo, no se le puede poner ningún pero.
El diseño de escenarios es exquisito y la variedad de ambientaciones está por encima de la media. Podremos visitar estaciones de metro abandonadas, centros comerciales, institutos, bibliotecas... Todos ellos muy conseguidos, con unas texturas de gran calidad muy similares a las del aclamado F.E.A.R.
El juego transcurre, casi en su totalidad, en escenarios interiores pero, en ocasiones, saldremos fuera de los edificios y aquí la calidad gráfica no decae en absoluto. Es de agradecer que no se repitan escenarios en ninguna de las misiones.