Una escalera en mi bolsillo
La jugabilidad es bastante acorde con los tiempos que corren para las aventuras gráficas. El cursor cambiará de forma cada vez que pasemos por un objeto con el que podamos interactuar. Dependiendo de lo que podamos hacer, el cursor se tornará a un ojo o una mano entre otras cosas. También tendremos dos apartados en los que el personaje guardará toda la información que vaya recabando. Así, haciendo
clic derecho nos aparecerá el inventario, en el que veremos una imagen de los objetos que portemos y en la parte inferior cuatro espacios donde podremos mezclar diferentes objetos. Una cosa que me ha gustado es la extensión del inventario, donde cualquier objeto entrará en los pantalones del protagonista, sea del tamaño que sea lo portado. A la derecha de la pantalla encontraremos una especie de agenda donde estarán los libros que encontremos, que serán muchos, conversaciones con los personajes y demás anotaciones.
El juego no es muy difícil. Los puzzles, por regla general, son fáciles, aunque si nos quedamos atascados en alguno podemos intentarlo con otros, puesto que en este aspecto nos da cierta libertad a la hora de resolverlos. Por suerte, los puzzles están bien implantados en la trama, la cual está dividida en 10 capítulos. La historia empieza lenta en los primeros momentos del juego y para los más impacientes se puede volver pesado al comienzo, ya que básicamente nos limitaremos a hablar con los personajes y coger una gran multitud de objetos, muchos de ellos inservibles, para luego no avanzar casi nada en la trama. Por suerte, cuando terminamos el tercer capítulo ya sabemos cosas suficientes sobre la trama, y con suficientes muertes ya avistadas, como para tenernos enganchados a la pantalla durante un tiempo. Por desgracia, esta mejoría en cuanto a tensión se ve empañada un poco con la multitud de paseos que hay que darse a lo largo de la isla, una mala costumbre adoptada en muchos títulos tras la salida de Syberia al mercado.